Fundamentos de la poda del olivar: menos madera, más cosecha

Los dos principios fundamentales de la poda del olivo explicados de forma sencilla para que entiendas por qué podas como podas.

La poda es la segunda operación más costosa del olivar después de la recolección. Y sin embargo, es la que más se hace "a ojo". Entender los dos principios que la gobiernan te puede ahorrar mucho dinero y muchos disgustos.

El olivo al natural: un arbusto que no nos conviene

Dejado a su aire, el olivo crece como un arbusto leñoso que emite ramas en todas direcciones formando una bola cerrada. La hoja y la producción se concentran en la capa externa, el interior queda a oscuras y la recolección se complica enormemente. Con la poda, transformamos esa forma natural en una artificial que maximiza la producción y facilita la recogida.

Principio 1: Máxima relación hoja/madera

Este es el principio más importante y el más ignorado. La poda debe buscar siempre la mayor cantidad de hoja con el mínimo de madera posible. ¿Por qué?

  • La hoja es la fábrica del olivo: hace la fotosíntesis, produce los azúcares que alimentan al fruto.
  • La madera es un consumidor neto: necesita recursos para mantenerse pero no produce nada directamente.

Un olivo con mucha madera y poca hoja es como una empresa con muchos gastos fijos y pocos ingresos.

Principio 2: Equilibrio hoja/raíz

Copa y raíces crecen en proporción. Cuando podamos fuerte, rompemos ese equilibrio y el olivo reacciona emitiendo brotes vigorosos (chupones, varetas) para recuperarlo. Cuanto más severa la poda, más violenta la reacción y más lejos queda la producción. Por eso las podas graduales y suaves son siempre preferibles a los "rapados" cada 4-5 años.

El medio productivo importa

Un olivo bien regado, en buen suelo y sin carencias nutricionales responderá mejor a la poda que uno en secano extremo. Ten esto en cuenta: no podes igual un olivar de riego que uno de secano.

Cómo puede ayudarte MiOlivar.es

Registra cuándo podas cada parcela, el tipo de poda realizada y su coste. Con el tiempo podrás correlacionar tus intervenciones de poda con las producciones obtenidas.

Conclusión

Podar bien es podar con cabeza. Menos madera, más hoja. Cortes suaves y frecuentes mejor que talas brutales cada varios años. Tu olivo y tu bolsillo te lo agradecerán.

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